
Iluminado, perfecto, bendecido. Así se sentía el periodista luego de su encuentro con el Cristo Redentor. Pronto olvidó las luces de la ciudad, los árboles y el cielo. Se pensó unido a la naturaleza, aunque en realidad volvió a negarla para centrarse en sí mismo. Estaba ciego, pero creía ver mas allá de todo. Estaba sordo, pero inundaban su mente las mejores canciones del mundo, las melodías más finas de la historia.
Se sentía el Adonis que hechizó a Afrodita. Un afortunado en la ciudad maravillosa. Lo atrapó la noche, vibró al ritmo de la samba, se emborrachó, y durmió feliz. Embriagado de luz, comenzó a pensar que todas las mujeres de Río estarían a sus pies.
Iluso entonces, decidió buscar a la Garota de Ipanema para entrevistarla. En sus planes ocultos, la conquistaría y la haría suya. De esa manera, estaría a la altura de las circunstancias y acorde a su nivel divino. Se dirigió con prisa y sin calma, hacia la famosa playa del sur de río.
Al llegar, una multitud de comerciantes lo acecha. ¡Agua!, ¡Queso!, ¡Cerveza! ¡Cocaína! La basura reina en la playa y los cuerpos semi – desnudos de los cariocas brillan al sol. Nada nubla su deseo, su sensación de deidad, su levitar inconsciente. Pierde de vista la belleza del morro, no divisa un instante el perdido horizonte.
Finalmente la ve pasar. Convencido y audaz, intenta seducirla cantando desafinado y sin ritmo:
“Mira que cosa más linda,
más llena de gracia
es esa muchacha
que viene y que pasa
con su balanceo,
camino del mar “
La garota sigue caminando en silencio por la playa.
Persistente, el periodista vuelve a intentarlo:
“Niña de cuerpo dorado
por el sol de Ipanema
con su balanceo
es todo un poema,
la chica más linda
que he visto pasar..”
La Garota acelera entonces el paso asustada. Al mirar hacia atrás por un instante el periodista identifica el miedo en su cara. El miedo como un espejo cristalino y distante. El miedo como el reflejo instantáneo de una verdad, que hasta entonces, había estado tratando de ocultar:
El periodista se encontraba solo, muy solo.
La tristeza lo invade al fin. La incomprensión, la duda, la mala suerte, la locura. El fuego detrás del sol de la tarde inunda el horizonte, mientras el periodista por primera vez canta de verdad. Por primera vez, canta sintiendo:
“Ah, ¿Porqué estoy tan solo?
Ah, ¿Porqué es todo tan triste?
Ah, la belleza que existe,
Belleza que no es solo mía,
Que ahora pasea solita..”
Atribulado, en la redacción del barrio de Gloria, todas sus preguntas vuelven a estar sobre la mesa. ¿Es posible la objetividad en el periodismo? ¿Es que se ha confundido de trabajo y es tan sólo un soñador? Confuso y sin repuestas nuevamente, intenta escribir y no logra culminar sus pensamientos.
Duerme, esta vez en paz, sin prisa y con calma. Sueña, por primera vez en noches.
Así decide ir al Pan de Azúcar a meditar y escribir su nota final.
Por Nicolás Bagattini
Continuará….